En un retrato formal existe una cooperación entre el fotógrafo y el modelo, que en realidad está posando activamente para la cámara.
En un retrato espontáneo el fotógrafo actúa como un reportero, cazando situaciones que se dan de forma natural y sin su intervención. En ambos tipos de retrato es importante analizar al modelo y la situación para tener una idea de lo que se quiere captar.
La expresión de una persona es casi siempre la forma más inmediata y clara de mostrar su personalidad, pero todos los elementos de la fotografía contribuyen a ello en mayor o menor medida.
Es muy importante crear un ambiente en el que el modelo se sienta agusto y en el que pueda expresarse libremente para que este tranquilo y relajado.
Un teleobjetivo corto -85, 105 o 135 milímetros, es la mejor elección para hacer retratos de primer plano o de tres cuadros. Es más favorecedor que un angular, además permite al fotógrafo alejarse un poco para no intimidar al sujeto.
Se debe observar al modelo desde varios ángulos a través del visor: de perfil, de tres cuartos, de frente, inclinando la cabeza, y fijarse en cómo describe la cara del sujeto cada punto de vista.
La iluminación es el factor más importante en un retrato. Una luz suave y difusa es generalmente la mejor y la que más favorece, aunque hay ocasiones en que una fuerte iluminación lateral se adapta mejor a las características del modelo. Conviene experimentar con varios tipos de luz y conocer su efecto. De este modo, cuando se nos presente una situación particular, sabremos elegir la iluminación más apropiada.
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